Road trip de 12 días por la costa del Caribe colombiano

A continuación te propongo un recorrido por carretera de 12 días (ampliable fácilmente a 15) desde el territorio indígena de La Guajira hasta la preciosa ciudad colonial de Cartagena de Indias, pasando por Santa Marta y el Parque Nacional Natural Tyrona, Aracataca (el pueblo natal de Gabriel García Márquez), Barranquilla y las tranquilas y paradisiacas Islas del Rosario. 

3 días por el territorio indígena de La Guajira

Día 1: Bogotá – Riohacha – Camarones

Para llegar a La Guajira se puede volar directamente a Riohacha desde Bogotá (1 hora y media de trayecto, que nosotros realizamos con la compañía Avianca). Nada más aterrizar nos dio la bienvenida el característico clima caribeño, tan diferente al del interior del país, y en el que predomina el sol, la humedad, el calor, y, por supuesto, los mosquitos.

Para visitar esta zona, algunos países recomiendan vacunarse de la fiebre amarilla, al igual que para visitar el Parque Nacional Tyrona (dedicado para el quinto día de esta ruta), pero no es una vacuna obligatoria, por lo que no se exige ningún tipo de certificado especial. Nosotros nos la pusimos para ir más tranquilos y lo recomiendo porque, además, vale ya para toda la vida, por lo que será útil para futuros destinos donde sea necesaria.  

Desde España, habíamos contratado una excursión de tres días con un guía local, como nos había recomendado una agencia de confianza, ya que esta zona es una de las más deprimidas de Colombia pero, después de conocerla, no sé con certeza si es mejor llevar algo cerrado o recorrerla por tu cuenta, ya que no sentimos ninguna inseguridad y nos encontramos con personas que estaban siempre dispuestas a ayudar.

La ruta comenzó en coche desde el aeropuerto de Riohacha hasta la ciudad de Camarones, donde teníamos nuestro primer alojamiento: La Consentida Camping Ecoturismo. Está situado en un lugar privilegiado, en una comunidad muy tranquila, frente a una playa espectacularmente grande.  

Después de comer, pusimos rumbo al Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos, un parque natural en el que se pueden avistar estas aves. Tuvimos mucha suerte ya que, según nos contó el guía, por la falta de agua que estaban padeciendo últimamente, los flamencos habían emigrado y ahora se veían en muy pocas ocasiones, pero cambió la ruta prevista y consiguió que viéramos muy cerca una gran familia de flamencos y, además, otras aves autóctonas de la zona.

Por la tarde, visitamos una ranchería donde viven 100 familias Wayuus y una de las mujeres nos habló de sus costumbres, nos dieron a probar dos platos tradicionales de su gastronomía y nos mostraron una de sus danzas típicas.

Poder aprender sobre esta cultura, nueva para nosotros, fue muy interesante, ya que pudimos comprender de cerca las dificultades que tienen para mantener la esencia de sus tradiciones indígenas, viviendo en pleno contacto con la globalización.

Por supuesto, es una sociedad que también tiene algunas costumbres que son muy difíciles de entender para nosotros, porque nos parecen muy injustas, sobre todo la desigualdad de derechos entre hombres y mujeres. Aun así, tratamos siempre de comprender lo que nos explicaban y respetar su cultura desde el lugar que nos correspondía, como visitantes ocasionales.

Para finalizar el día, nos fuimos a ver el atardecer desde una playa cercana y acabamos con una rica cena de pescado frito y arroz que nos prepararon los simpáticos propietarios de nuestro alojamiento.

Día 2: Camarones – Manaure – Uribia – Cabo de la Vela

Por la mañana temprano pusimos rumbo al Cabo de la Vela, una de las zonas más especiales (y también turísticas) de La Guajira. La primera parada fue en las salinas de Manaure, una laguna de color rosáceo que se intensifica con el sol y de la que se extrae la apreciada sal. En este lugar, además, nos explicaron cómo realizan el proceso paso a paso.

Después, hicimos una corta parada en la ciudad de Uribia, denominada como la capital indígena de Colombia, ya que casi toda su población es Wayuu. Es una urbe pequeña, en cuya plaza principal se puede apreciar el caos diario propio de una ciudad y donde se pueden comprar bolsos, chinchorros (o hamacas) y otras artesanías típicas de la zona.

A medida que se avanza hacia el Cabo de la Vela el paisaje empieza a convertirse en puro desierto y se circula, en ocasiones, por las propias dunas. El pueblo, aunque es muy pequeño, tiene una energía muy especial, solamente comprensible si lo visitas tú mism@.

Llegamos a comer a nuestro nuevo alojamiento: la Ranchería Utta. Un lugar que recomiendo por su comida y por sus cabañas, sencillas, pero a pie de playa. Además, organizan por las tardes un cine-fórum en el que explican curiosidades acerca de la cultura Wayuu y la importancia que tiene para ellos el Cabo de la Vela, un lugar sagrado con un profundo significado.

Por la tarde, visitamos la Playa Ojo del Agua, situada a unos 10 minutos en coche de la Ranchería y en la que, lo mejor, es hacer primero una pequeña caminata por los acantilados y, después, tomar un baño refrescante en la playa (en esta zona, la temperatura del agua es muy agradable, ya que está más fresquita que en el resto del Mar Caribe).

Para finalizar el día, fuimos a ver la puesta del sol en el faro, que está situado en una colina en la misma carretera, y desde el que se tienen unas vistas impresionantes.

Día 3: Cabo de la Vela – Riohacha

El último día por esta zona lo iniciamos visitando la Playa Arcoíris, un acantilado por el que se filtra el agua del mar, que choca contra las rocas y es lanzada hacia arriba y, cuando el sol incide sobre la bruma, aparece su característico arcoíris. Para hacer esta visita sin gente hay que madrugar bastante porque, según avanza la mañana, se va llenando de turistas.  

Después fuimos hasta la playa Pilón de Azúcar, conocida así porque tiene una colina de color grisáceo en cuya cima hay un bonito mirador, desde el que se ve la Playa Arcoíris y la extensión desértica de La Guajira. Esta playa, además, es perfecta para dedicar unas horas de relax y baño.

Después de comer, volvimos hacia Riohacha (unas 3 horas de trayecto en coche) y dedicamos la tarde a recorrer el paseo marítimo de la ciudad, que tiene mucha vida y está lleno de puestos de artesanía Wayuu. El alojamiento, que recomiendo sin ninguna duda, es el Hostel Laguna Salá, tanto por su localización, su relación calidad-precio (con instalaciones nuevas y funcionales, piscina y un ambiente joven y animado) y por su restaurante en la azotea, en el que cenamos estupendamente.

Santa Marta y el Parque del Tyrona

Día 4: Riohacha – Santa Marta

Desde Riohacha fuimos en coche hacia la ciudad Santa Marta, en uno de los recorridos más bonitos de todo el viaje. El desierto va dando paso, poco a poco, a la vegetación tropical teniendo siempre presente, a lo lejos, la impresionante Sierra Nevada de Santa Marta (el macizo montañoso cercano a la costa más alto del mundo). La carretera va por el borde del mar y dispone de varios miradores en los que, si tienes suerte, podrás admirar los Nevados despejados.

Que ver en Santa Marta

Santa Marta es una ciudad pequeña y animada, en la que merece la pena pasar un día.  Se puede comenzar recorriendo su casco histórico: la peatonal Carrera 3 y el Parque de los Novios, la Parroquia del Sagrario, la Plaza de San Francisco y el Parque Bolívar, en el que recomiendo visitar El Museo del Oro Tyrona y la Casa de la Aduana (con entrada gratuita), donde se puede aprender más sobre la cultura indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Esta Casa fue proclamada como sede de la Aduana por el gobierno español, pero se expropió con la Independencia (que se logró en Santa Marta en 1820 tras la sangrienta batalla de la Ciénaga) y pasó a ser la oficina del Consulado de Cartagena. A esta casa llegó, en 1830, Simón Bolívar y enfermó, por lo que se tuvo que quedar un tiempo en otra hacienda cercana, donde finalmente falleció. El cadáver se expuso en la segunda planta de la casa, que hoy alberga el museo, para ser velado durante dos días.

Finalizamos el recorrido con un paseo por el Camellón de Rodrigo de Bastidas y la Bahía de Santa Marta, una zona costera muy industrial.

La noche más divertida

La ciudad se transforma por la noche: los locales y restaurantes abren sus puertas, la gente sale a la calle y la música invade el ambiente. La Carrera 3 y el Parque de los Novios es la mejor zona para cenar ya que, además de platos muy buenos, puedes disfrutar de actuaciones de música y baile “callejeras”.

Nosotros cenamos en el restaurante Donde Chucho, que tiene una terraza muy agradable y comida rica, sobre todo, su famosa ensalada de pescado.  

Nuestro alojamiento, que me encantó, fue el Hotel Casa Verde. Tiene una ubicación perfecta en el centro histórico, pero en una calle alejada del ruido. Es una casa colonial preciosa con habitaciones bonitas y un desayuno muy rico. Además, cuenta con una mini-piscina en el patio que viene estupendamente para los momentos de más calor. 

Día 5: Parque Nacional Natural Tyrona: una joya natural del Caribe

Nuestro 5º día de recorrido por la costa lo dedicamos íntegramente a visitar el Parque Nacional Natural Tyrona. La visita a este parque se puede realizar, perfectamente, por tu cuenta. Deberás contratar el traslado para llegar desde Santa Marta o tomar un bus público hasta la entrada y, una vez allí, seguir el sendero principal, que está muy bien señalizado y recorre las playas principales sin posibilidad de pérdida.

Desde la ciudad se tarda una media hora en llegar al Parque y lo mejor es llegar muy pronto, porque se forma bastante cola para comprar las entradas y acceder al interior. El precio incluye el pase de día completo y un seguro, por si tienes algún incidente durante la caminata.

El Tyrona es uno de los sitios que más me gustaron de Colombia: un parque tropical al borde del mar, puro Caribe. El recorrido es un poco duro, sobre todo si es un día soleado porque hace muchísimo calor. Llevad calzado cómodo, ropa fresca, protector solar y mucha agua y, por supuesto, el bañador para los imprescindibles chapuzones. 

La senda está señalizada y se camina por arena fina, por tierra y por caminos de madera, por lo que, en su mayoría, es bastante cómoda. La primera parte del recorrido es de una hora, aproximadamente, hasta llegar a la primera playa, El Cañaveral (aquí hay baños públicos que puedes usar por 2000 pesos y tienen un cubo con agua dulce para que puedas quitarte la sal y cambiarte, algo que se agradece mucho para hacer el recorrido de vuelta).

Nosotros continuamos caminando otra hora más hasta el Cabo San Juan del Guía, para hacer luego el recorrido de vuelta parando a bañarnos en todas las playas. Hay restaurantes en las tres playas principales y varios puestos pero, si quieres ahorrar tiempo y aprovechar mejor el día, te recomiendo llevar tu propia comida ya que, al menos en verano, se puede perder mucho tiempo por la gran cantidad de gente.    

Hay quienes deciden quedarse a dormir en el Tyrona y hacer otros recorridos (hay uno, de tres días caminando hasta la Ciudad Perdida, en la Sierra de Santa Marta) o, simplemente, disfrutar más tiempo por allí. 

La segunda noche en Santa Marta cenamos en el restaurante Ouzo, que tiene platos típicos, buenos y abundantes. Es bastante famoso, así que es mejor reservar previamente.

Aracataca y Barranquilla

Día 6 y 7: Santa Marta – Aracataca – Barranquilla

Desde Santa Marta nos fuimos, por carretera, hasta Barranquilla, desviándonos en el camino para conocer Aracataca, el pueblo en el que vivió Gabriel García Márquez de pequeño y en el que está inspirado Macondo, el mágico pueblo de la novela Cien Años de Soledad. En el camino pudimos ver las inmensas plantaciones de banano, pudiéndome adentrar de lleno en mi novela favorita. La visita a este pueblo me hizo especial ilusión y contaré todos los lugares de la ruta asociados con este ilustre escritor en un post específico.  

En el pueblo se puede visitar la casa de los abuelos de García Márquez, en la que vivió sus primeros años, la casa del telegrafista (donde trabajaba su padre) y la estación de tren. Además, me encantó hablar con sus habitantes, que están súper orgullosos de que el Nóbel haya dado a conocer su humilde pueblo y se muestran muy agradecidos con la visita. Si te interesa más este escritor y quieres conocer más sobre él en Colombia, te recomiendo que leas mi post Realismo mágico: Siguiendo los pasos de Gabo

Por la tarde llegamos a Barranquilla, una ciudad en la que los turistas no suelen parar y que a nosotros nos gustó. Dedicamos toda la jornada del séptimo día a recorrer sus lugares más importantes, que explicaré en un post próximamente. 

Cartagena de Indias y las Islas del Rosario

Día 8: Barranquilla – Cartagena de Indias

En un autobús que tardó unas 3 horas, llegamos a mediodía a la preciosa ciudad costera de Cartagena de Indias. Es muy turística y esto se refleja en sus precios, pero es imprescindible visitarla, si viajas a Colombia. Te explicaré detalladamente todos sus rincones en un post que publicaré próximamente sobre Qué ver en Cartagena de Indias. 

Día 9 y 10: Cartagena – Islas el Rosario 

A la mañana siguiente, fuimos al Muelle de la Bodeguita para tomar la lancha que lleva a las Islas del Rosario, donde nos quedamos un par de noches, ya que nos apetecía acabar el viaje relajados en la playa, pero también desde el muelle salen excursiones de día completo.

Cómo llegar a las islas

Hay numerosas agencias que ofrecen el traslado y los precios suelen variar ligeramente entre ellas y, también, entre personas (depende de lo que te ofrezcan y de tu capacidad de negociación). La agencia que nos llevó a las Islas fue Mary Travel Cartagena, su contacto lo conseguimos a través del Ecohotel en el que nos alojamos.

La lancha nos costó 100.000 pesos ida y vuelta y lo pagamos con tarjeta al llegar al muelle, aunque nos pusimos en contacto por Whatsapp anteriormente con la agencia para reservar nuestra plaza para esa mañana.

Las lanchas van saliendo cada media hora más o menos y cuando llegas te pasan a una “zona de espera” donde te avisan cuando debes embarcar. Para este trayecto hay que ir preparado: son lanchas pequeñas, en las que aprovechan al máximo las plazas y, con el chaleco salvavidas y el calor, puede resultar agobiante.

Una vez en marcha, los conductores van a la mayor velocidad que les permite la lancha y, si hay oleaje, prepárate para botar. El trayecto dura aproximadamente una hora y, una vez que llegas a las islas, el paseo ya es más tranquilo, porque van parando a dejar a la gente en los diferentes hoteles.

Recomendaciones para la estancia en las islas

Las Islas del Rosario pertenecen a un parque natural protegido al que solo se puede acceder pagando una tasa de 17.000 pesos (que cobra la agencia con el coste de la lancha). La mayoría de los hoteles son alojamientos muy sencillos, denominados EcoHoteles. En nuestro caso, Los Erizos, un lugar con sólo 5 humildes habitaciones con baño privado y en el que se come de maravilla. Está en una pequeña isla y las únicas actividades son: pasear, nadar o hacer snorkel (te prestan kayak y gafas en el hotel). Había un arrecife de coral, al que se podía llegar nadando, y era muy entretenido ir a ver pececitos.

Casi todas las playas de las islas son privadas, ya que pertenecen a los distintos hoteles. La mejor opción, si quieres tener un poco más libertad para desplazarte a tu aire, es alojarte en Isla Grande.

La segunda noche contratamos una excursión a la Laguna Encantada, donde se puede ver plancton bioluminiscente. Si vas a dormir en las islas, creo que merece mucho la pena hacerla.

 En el muelle de madera de la laguna, te debes meter al agua totalmente a oscuras con gafas de buceo y, al sumergirte, mover los brazos para ver como salen de tu cuerpo miles de puntos de luz. Lo ideal es coincidir con luna nueva ya que, al estar en oscuridad total, el plancton es visible simplemente con el movimiento de la barca.

Si no tienes esa suerte, puedes simular la noche oscura metiéndote debajo del muelle de madera. Es una experiencia muy bonita que, además, solo puede hacerse en unas pocas partes del mundo. 

Día 11 y 12: Cartagena de indias

La lancha de vuelta de las Islas del Rosario sale a las 12:30h parando en Barú y playa Blanca o a las 15:00h directa a Cartagena. Nosotros optamos por la segunda opción para disfrutar un poco más de la tranquilidad de nuestra mini playa.

En Cartagena estuvimos dos días y los dedicamos a visitar el centro histórico, el barrio de Getsemaní, comprar unos cuantos recuerdos de nuestro estupendo viaje en su feria de artesanía, pasear por la muralla al atardecer y hacer varios tours guiados (un free tour y una audioguía de Gabriel García Márquez). 

El Día 13 nos marchamos hacia el aeropuerto para poner rumbo a Medellín. Próximamente subiré un post sobre Qué ver en la ciudad de Medellín y excursiones cercanas, para que puedas ampliar la ruta fácilmente hasta los 15 días. 

Montmartre-Paris
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