Colombia es realismo mágico: Siguiendo los pasos de Gabo
Todos los que me conocen bien saben lo importante que fue para mí el viaje que realicé a Colombia, ya que tengo predilección por la literatura de Gabriel García Márquez.
Todo empezó un poco por casualidad: fui al Instituto recién bautizado con el nombre de este autor colombiano y yo, a mis 12 años, ni siquiera sabía quién era. Poco a poco, y entre libro y libro que nos “recomendaban” leer me fue entrando curiosidad por saber quién era ese hombre y qué historias contaba. Sobre todo, cuando uno de mis profesores nos leyó un relato suyo: El avión de la bella durmiente. Decidí entonces, con 15 años, empezar a leer “El amor en los tiempos del cólera”.
Sería mentira decir que devoré ese libro, porque la sensación que tuve al leerlo fue distinta para mí a otras lecturas hasta el momento. No es que no estuviera enganchada a su historia, que sí lo estaba, pero su forma de escribir me producía más tranquilidad que intriga. Por eso, podía leer una página y seguir con otras cosas que estuviese haciendo, o un capítulo entero sin darme cuenta. A veces, podían pasar semanas hasta que volvía a cogerlo, pero no dudaba por dónde iba la historia. Tiempo más tarde me di cuenta de que, inconscientemente, lo estaba dosificando. Al contrario que otras veces, que me moría por saber qué pasaría después y podía estar horas y horas leyendo, esta vez no quería que se acabara.
Fue un antes y un después literario para mí, seguí leyendo otros libros, pero siempre tenía la necesidad de tener, al menos empezado, uno de Gabo. Esto pasó a convertirse en una verdadera afición, un poco exagerada ya que, durante una época, dejé de leer cualquier cosa que no hubiera escrito él, simplemente, porque no me interesaba.
Ahora, no sé si es porque se me ha ido pasando o porque no quiero aceptar que se me acaben sus libros, ya los combino con otras lecturas de géneros diferentes. Aun así, todavía sigo teniendo la costumbre de tener siempre uno suyo empezado y, aunque pause su lectura durante meses, sé que está ahí, esperándome.
Llevaba muchos años queriendo visitar, por fin, los escenarios de sus novelas. Poder ver el realismo mágico con mis propios ojos, conocer la cultura que había inspirado la obra maestra de “Cien años de soledad”, pisar las mismas calles que Fermina Daza en Cartagena de Indias, que los indios guajiros me contaran sus leyendas, atravesar los campos de banano y conocer, por fin, Macondo para darme cuenta de que, en realidad, nunca fue un lugar, sino un estado de ánimo.
Por eso hoy, 30 de mayo de 2022, que se cumplen 55 años de la publicación que le valió el Nobel a este gran escritor, me hace especial ilusión compartir este post.
Si, como yo, uno de los motivos por los que visitas Colombia es porque también quieres poner forma y color a los escenarios de los libros de García Márquez, conocer estos lugares te va a encantar:
La Guajira
La Guajira es un lugar difícil de asimilar. Sus playas de arena fina, el mar profundo, el contacto con la cultura indígena Wayuu, los paisajes desérticos con salares de color rosa, los acantilados rocosos, sus rancherías durmiendo al borde del mar y las puestas de sol en el Cabo de la Vela contrastan fuertemente con la pobreza, la desigualdad y el sentimiento de abandono de los nativos.
Paisajísticamente es un lugar de contrastes que no se parece a nada de lo que vimos en Colombia, donde los árboles y las altas montañas se habían quedado atrás y habían sido sustituidas por explanadas de terreno yermo. Una hora y media de vuelo separan Bogotá de Riohacha y, nada más llegar, te recibe el calor abrasador. Nosotros contratamos una excursión de 3 días, con un guía, por la zona y, si te interesa conocer todo el recorrido, te recomiendo que leas el post: Road trip por la costa del caribe.
Gracias a nuestro viaje por la Guajira entendimos mejor la cultura indígena wayuu, tan presente en las novelas de Gabo, con sus relatos aparentemente inverosímiles pero que allí cobran sentido, porque parece que todo tiene un por qué. Conocimos sus raíces y su cultura, que cada vez les cuesta más mantener en el tiempo y evoluciona poco a poco, con unas costumbres y una forma de ver la vida que, en otro contexto, no hubiéramos entendido.
Riohacha
Riohacha en una modesta ciudad costera que no tiene el esplendor de otras del Caribe pero que tiene algo que te hace sentir cómodo. Tiene un paseo marítimo muy agradable, lleno de puestos de artesanos wayuus que venden sus famosos bolsos y todo tipo de abalorios, que ves cómo hacen en ese mismo momento, sentados junto a su manta en el suelo.
Las playas son enormes, con palmeras y arena fina, aunque el mar es de color oscuro y la visión del puerto demasiado cercana. En esta ciudad vimos la primera escultura que homenajea al nobel, una columna de mariposas amarillas al final del paseo y descubrimos, por casualidad, la casa en la que pasaron la luna de miel los padres de Gabriel García Márquez y en la que, según la placa colocada en la fachada, habría sido concebido (nº 52 de la Calle 3).
Aracataca
Atravesando campos de banano por la carretera de la costa desde Santa Marta a Barranquilla hay que desviarse, relativamente poco, para conocer Aracataca. Esta visita es la que más ilusión me hizo, sin ninguna duda, porque el pueblo, aunque es pequeño, tiene muchas referencias al escritor, ya que es donde vivió su infancia con sus abuelos en “La Casa”, que años más tarde inspiraría la vivienda central en la que gira la historia de Cien Años de Soledad, donde mezcla lo que les pasa a los personajes con hechos reales de su vida.
La casa de Gabriel García Márquez fue vendida y demolida hace muchos años pero, gracias a la novela por la que ganó el nobel y a sus memorias, se ha conseguido reconstruir. Actualmente es un museo de entrada gratuita en el que se pueden visitar el despacho de su abuelo el coronel Márquez (o de Aureliano Buendía), la habitación donde hacía sus pescaditos de oro mientras Gabo pintaba las paredes, el comedor con el corredor de las begonias, la cocina como habitación central de la vida de la casa, la habitación de sus abuelos y el cuarto contiguo donde dormía el pequeño Gabriel con los santos que tantos le asustaban. También podrás conocer la habitación donde se descifran los pergaminos de Melquíades y el gran Castaño del patio donde el patriarca de la estirpe pasaría años atado.
Además, en la plaza principal del pueblo, se puede visitar la iglesia en la que bautizaron a García Márquez y, justo en la calle de detrás, la casa del telegrafista: donde trabajaba su padre y que inspiró la historia de amor con su madre en la novela El amor en los tiempos del cólera. Visitarla también es gratis y, aunque la sala es muy pequeña, tiene muchos recuerdos de Gabo: una estatua de Úrsula Iguarán en la mecedora, un mapa de Macondo, artículos de la época, libros, etc.
Te recomiendo que visites también la estación de tren, que tantas alegrías y desgracias trajo al pueblo de Macondo (o Aracataca), en la que hay una colección de posters muy interesantes sobre la historia del lugar y una estatua a Remedios, La Bella.
Barranquilla
La visita obligatoria relacionada con el Nóbel, si paras en esta ciudad, es al restaurante Fundación La Cueva: un antiguo bar en el que se reunían escritores, artistas e intelectuales ilustres para charlar, beber y, de paso, crear un trocito de nuestra historia universal.
Entre ellos, por supuesto, se encontraba Gabriel García Márquez. Nosotros fuimos a la hora de comer, sin reserva, y no tuvimos problema en encontrar una mesa. La comida es exquisita y a muy buenos precios y el local está reformado, pero conserva su esencia.
Por las noches hay música en directo, por lo que también es muy recomendable ir a cenar. La frase de entrada ya dice mucho de lo peculiar del lugar: “Aquí nadie tiene la razón”. Sus paredes están llenas de fotos, cuadros y libros relacionados con el local y sus ilustres personajes y hasta puedes descubrir el hielo, igual que Aureliano en Cien años de soledad.
Los camareros son encantadores y, cuando vieron que nos interesábamos por la historia del lugar, nos invitaron a ver un video en su sala audiovisual. Si vas, pide que te lo pongan porque es muy interesante y muestra detalles del bar que, si no, pasan inadvertidos.
Cartagena de Indias
La ciudad por excelencia de las novelas de Gabriel García Márquez, que conocía muy bien y describía desde su especial visión es, sin duda, Cartagena de Indias:
«Fue una noche histórica para mí. Apenas si alcanzaba a reconocer en la realidad las ficciones de los libros, ya derrotadas por la vida. Me emocionó hasta las lágrimas que los viejos palacios de los marqueses fueran los mismos que tenía ante mis ojos, desportillados. Vi la catedral sin las campanas que se llevó el pirata Francis Drake para fabricar cañones. Vi los árboles marchitos y las estatuas de próceres que no parecían esculpidos en mármoles perecederos sino muertos en carne viva. Pues en Cartagena no estaban preservadas contra el óxido del tiempo sino todo lo contrario: se preservaba el tiempo para las cosas que seguían teniendo la edad original mientras los siglos envejecían»
Vivir para contarla
Eso es exactamente esa ciudad, un lugar detenido en el tiempo, quizá ahora demasiado turístico, pero con un encanto muy especial. Para mí, sin duda, fue una forma de reconocer las ficciones de los libros, como narró Gabo en sus memorias, y sé que cada vez que vuelva a leer una novela ambientada allí, volveré a recorrer sus calles, plazas y parques y volveré a pasear por la muralla que separa esta preciosa ciudad del Mar Caribe.
La mejor forma de conocer todos sus escenarios es utilizando la Audioguía La Cartagena de Gabo. Es una app que se puede descargar en el móvil por 4,99€ y que dispone de un recorrido de 35 puntos por la ciudad vieja, con un mapa para localizarlos fácilmente y que cuenta, además de detalles de las novelas y de la propia vida de García Márquez cuando vivió en Cartagena, muchas curiosidades históricas sobre la propia ciudad.
Es un recorrido aproximadamente de unas 3-4 horas muy interesante y completo, que merece la pena hacer si te gusta el escritor y quieres aprender cosas de la ciudad que no te explican en otros tours.
Además te recomiendo que, cuando llegues a la Universidad de Cartagena, situada en el antiguo Claustro de la Magdalena, entres a ver su patio y visites sus cenizas, que descansan bajo un bonito homenaje a Gabo y su importante legado literario.
