Ruta completa de 15 días por Islandia
Islandia es un país fascinante, donde se disfruta sólo con mirar el paisaje. Puedes andar sobre hielo, bañarte en un río de agua caliente, subir al cráter de un volcán, pasear entre nubes sulfurosas que brotan de grietas en el suelo, o relajarte en una playa y, a veces, todo en el mismo día. Además, en un ambiente de absoluta tranquilidad.
Nuestro viaje duró 15 días, pero podríamos haber estado el doble, siempre encontrando algún sitio diferente que conocer, algo increíble en un país cinco veces más pequeño que España. A continuación te cuento nuestra ruta por Islandia, explicada detalladamente para que sepas lo que puedes visitar día a día.
Día 1 – Paseando por la ciudad de Reikiavik
Nada más bajarnos del avión nos dimos cuenta de que estábamos en un lugar muy diferente, con un paisaje muy distinto a todo lo que habíamos visto antes y, sin duda, no era nada comparado con lo que veríamos en los días siguientes. Nuestro viaje comenzó en la ciudad de Reikiavik, donde nos quedamos a dormir la primera noche.
Aterrizamos sobre las 10 de la mañana y, tras recoger nuestro coche de alquiler, pusimos rumbo a la capital del país, que está a unos 50 Km del aeropuerto internacional. Habíamos reservado una habitación triple en una casa de huéspedes del centro de la ciudad, al lado de la calle principal de Laugavegur.
Qué ver en la ciudad:
Reikiavik es una ciudad pequeña y tranquila, con una arquitectura típica de este país, muy preparada para sus fríos inviernos y para atrapar la mayor luz solar posible. Se puede pasear por su calle principal y curiosear en sus tiendas de productos típicos, visitar la moderna catedral de Hallgrímskirkja, con su singular estructura de hormigón y su torre de 73 metros de altura. También es recomendable pasear al borde del mar, desde el recinto de eventos Harpa (que se puede visitar por dentro) hasta la escultura del viajero del sol.
De camino al ayuntamiento, donde se encuentra el centro de visitantes (que contiene información interesante de Islandia y una maqueta de toda la isla), se puede ver también el parlamento y la catedral luterana de Reikiavik, que data de 1796. No dejes de pasear alrededor del lago Tjörninm, junto al centro de visitantes.
Callejea por el barrio de Kvosin, donde hay una gran cantidad de restaurantes, hasta llegar a la zona del puerto, donde se sitúa el museo marítimo. Te recomiendo llegar hasta la obra de arte de Þúfa, una colina con un paseo en espiral hasta su cima, desde la que se tiene una bonita vista de la ciudad.
Otras dos visitas en la ciudad que merecen la pena y que nosotros dejamos para los últimos días, antes de coger nuestro vuelo de vuelta, son el Museo Perlan de maravillas de Islandia y el jardín botánico de Reikiavik (los explico detalladamente más adelante).
Día 2 – De camino al Círculo de Oro
El Círculo Dorado es una ruta de 300 Km, relativamente cercana a Reikiavik, que contiene muchos de los atractivos turísticos del país, por lo que los visitantes que solo pueden pasar unos pocos días en la isla, aprovechan al máximo su estancia disfrutando de los lugares tan asombrosos que ofrece esta ruta.
Nuestra primera visita fue a la falla de Pingvellir donde, según la información que encontramos allí, se creó el primer parlamento del mundo. Es un lugar precioso (aunque lleno de mosquitos) donde vimos nuestra primera cascada, que nos pareció enorme, pero no era nada más que el principio de este viaje lleno de sorpresas naturales.
La siguiente parada fue Geysir y sus impresionantes fumarolas, donde los turistas esperábamos pacientes, con la cámara en la mano, para inmortalizar el momento exacto en el que el suelo “explosiona”, creando una columna de agua y vapor muy sorprendente.
Lo bueno de que en verano haya casi 20 horas de luz es que los días dan para mucho, así que acabamos la jornada visitando la extraordinaria cascada de Gullfoss, también conocida como la cascada dorada, una de las más famosas de Islandia.
Esa noche dormimos en una cabaña en medio del campo (Heidi Cabin), ubicada al lado de la casa de sus propietarios, los cuales, no llegamos a conocer. En Islandia tienen la costumbre de dejar las llaves colgadas en la puerta de las cabañas, y ahí debes dejarlas al irte, sin establecer contacto con nadie. No es por descortesía, es que valoran mucho la intimidad y no quieren molestar (o eso quisimos creer)
Día 3 – Hacia el sur de la isla
Visitando primero la cascada de Faxi, al lado de la cabaña, fuimos a encontrarnos con la carretera nacional 1, que es la autovía que rodea la isla y que nos acompañaría la mayor parte del viaje. Pero antes paramos para ver el cráter del volcán Kerið, inactivo, con 55m de profundidad y laderas con rocas de color rojizo, en el que se ha formado un pequeño lago en su interior. Cuando incide el sol sobre él, el agua adquiere un azul celeste muy bonito. Este lugar es de los pocos en Islandia que se paga por entrar, pero su precio es de unos 3€ y el dinero está destinado a su conservación.
Llegamos a Vik í Myrdal y en su preciosa playa de arena negra (Reynisfjara) buscamos los famosos frailecillos (aves marinas típicas de Islandia), pero sólo conseguimos ver a dos de ellas a lo lejos, en estado natural porque, después, los encontramos en las cartas de varios restaurantes, quizá por eso los pobres no se acercan mucho a las personas.
El aparcamiento está situado en el Reynisfjara view point, un mirador desde el que se tiene una espectacular vista de esa playa y, también, de la playa de Kirkjufjara. No dudes en subir al mirador del faro de Dyrhólaey, desde el que se tiene una vista impresionante de toda la costa de arena negra. No me extraña que rodaran por allí varias escenas de Star Wars, parece una vista de otro planeta.
Este día también vimos dos de mis cascadas favoritas de Islandia: Skógafoss y Seljalandsfoss. En la primera, hay unas escaleras que suben a lo alto de la catarata, así que se puede contemplar la caída de agua desde todos los ángulos. La segunda es una muy especial, ya que cae en picado desde un acantilado y tiene un camino para pasar por detrás de ella. Si tienes suerte y hace sol en el momento de visitar las cascadas, podrás ver los arcoíris que se crean cerca del agua, una vista de lo más idílica.
Esa noche la pasamos muy cerca de Seljalandsfoss, por lo que tuvimos que desandar parte del camino, en una habitación en una granja compartida con más huéspedes y la experiencia no fue muy buena. Lo ideal para este día hubiera sido ver las dos cascadas de paso y quedarse a dormir cerca de Vik.
Día 4 – Campos de lava, lenguas de glaciar y playa de los diamantes
Continuamos la ruta por el sur de la isla y, de repente, el paisaje cambió completamente dando paso a enormes campos de lava cubierta de musgo y, en una curva de la carretera, apareció la impresionante lengua del glaciar Vatnajokull.
Pasamos toda la mañana en al Parque Nacional de Vatnajokull, el más extenso de Europa, en el que se encuentra el inmenso glaciar, que ocupa 8.000 Km2. Desde el centro de visitantes parten numerosas rutas guiadas para adentrarse en el glaciar y caminar con crampones sobre el hielo. Nosotros preferimos hacer la caminata por nuestra cuenta y llegar únicamente hasta su base.
Después de comer realizamos la segunda ruta, que parte del centro de visitantes, llegando por la montaña hasta la preciosa cascada de Svartifoss, que cae entre columnas basálticas. El camino es sencillo, de unos 4 Km en total, y hay una bifurcación que te permite no hacer la ida y la vuelta por el mismo sendero.
Siguiendo por la misma carretera realizamos una parada en Fjallsarlon, un lugar con una visión diferente del glaciar, donde dos lenguas acaban en una laguna en la que se pueden hacer excursiones en barco.
Finalizamos el día en el impresionantemente bonito lago de Jökulsárlonen, en el que trozos azules de hielo que se desprenden del glaciar van flotando por el lago hasta llegar al mar, donde las olas los convierten en pequeños pedazos de cristal, dando nombre a la playa de los Diamantes.
Ese día nuestro alojamiento fue en el Vagnsstadir Hostel, un lugar aislado y muy agradable que tiene una parte de hostal y otra de hotel, con habitaciones bonitas y modernas. El hostal dispone de una cocina compartida, y aunque nosotros nos alojábamos en el hotel, nos hicieron el favor de dejarnos preparar nuestra cena en el hostal.
Día 5 – Los fiordos del este
En esta jornada el sol nos acompañó casi todo el día. A lo largo de la mañana, fuimos recorriendo la sinuosa carretera 1 al borde del mar en esta bonita zona de fiordos. Aquí, el paisaje vuelve a cambiar y predominan las colinas verdes, con campos de cultivo que llegan prácticamente a tocar el mar.
Completar este tramo de 296 Km hasta el pueblo de Egilsstaðir lleva, aproximadamente, unas 4-5 horas. Nuestra cabaña nos esperaba a las afueras de esa pequeña ciudad y fue de las más bonitas del viaje (Stora Sandfell rooms and Cottages), no solo porque el interior era muy acogedor, si no porque está situada en un entorno privilegiado. Además, la anfitriona de esta granja en la que se sitúan las cabañas (con caballos y todo) salió a saludarnos y habló un rato con nosotros, algo muy inusual en el resto de alojamientos.
Por la tarde tomamos la carretera 93 hasta Seyðisfjörður y, de paso, vimos una cascada más: Gufufoss. La carretera es verdaderamente bonita, cruzando una de las montañas hasta llegar de nuevo al borde del fiordo, donde se enclava este pueblo tan pintoresco, con las casas de madera en tonos pastel y el suelo de su calle principal pintado de colores.
De vuelta en la cabaña nos hicimos un riquísimo salmón en la barbacoa, viendo como el sol iba desapareciendo poco a poco hasta altas horas de la noche.
Día 6 – Rumbo al norte de la isla
Atravesando por una zona que parece sacada de otro planeta, llegamos a tres imponentes cascadas: Selfoss, Dettifoss y Hafragilfoss. Las tres son preciosas pero la más espectacular es, sin duda, la segunda. ¡¿De dónde sale tanta agua?! La cantidad de caudal que cae por segundo es impresionante.
Para llegar hasta ellas debes desviarte por la carretera 834 y tener paciencia, ya que es de grava y se hace un poco larga. Tanto Detifoss como Hafragilfoss tienen miradores a ambos lados del río y, para llegar al otro lado, tendrás de dar toda la vuelta hasta tomar la carretera 862. Esto es opcional, porque la vista más cercana está desde la primera carretera y, además, solo por ese lado se puede recorrer el sendero que llega hasta Selfoss.
Antes de llegar a Reykjahlíð hay dos lugares en los que parar a echar un vistazo: Hverir, un área geotérmica con pozos de barro y fumarolas de gases sulfurosos, muy malolientes, pero curiosos. Y la cueva Grjótagjá, una grieta en la roca desde la que se accede a una pequeña cueva con un lago de aguas termales y cristalinas, que es además una de las famosas localizaciones de la serie Juego de Tronos (aunque en el mundo real, el baño está prohibido).
Decidimos rodear el lago Mývatn por la carretera 848 y paramos en Dimmuborgir, una corta senda circular, muy sencilla, por la que se pueden observar curiosos agujeros formados en un campo de lava. Después paseamos por Höfði, un pequeño parque enclavado en una península que se adentra en este singular lago.
De camino a Þingeyjarsveit, donde se encontraba nuestro siguiente apartamento, paramos en los miradores que íbamos encontrando al borde del lago, acabando nuestra jornada con un agradable paseo por las verdes colinas, con pseudo-cráteres, de Skútustaðagígar. Esta maravilla geológica se forma cuando la lava fluye sobre una zona pantanosa y la presión del vapor provoca explosiones. Los pseudo-cráteres solo se encuentran en pocos lugares de nuestro planeta, por lo que es una zona protegida y considerada monumento natural desde 1973. El alojamiento, bastante cómodo y con nuestro primer jacuzzi de agua termal, fue la Guesthouse Hvítafell.
Día 7 – La cascada de los dioses y la capital del norte
A tan solo 14 Km del alojamiento se encontraba otra de las más famosas cascadas de Islandia: Goðafoss, o cascada de los dioses. Según cuenta la leyenda, este lugar se llama así porque es donde el gobernador de la isla, en el año 1.000 d.c., lanzó al agua a sus ídolos paganos, abandonando a los dioses vikingos y convirtiéndose al cristianismo. Su fama es bien merecida ya que es una de las cascadas más extensas y caudalosas, y puedes acercarte por arriba casi hasta el borde del agua.
Después de ver la cascada desde todos sus miradores, nos dirigimos hacia Akureyri, conocida como la capital del norte, ya que es la segunda ciudad más grande de la isla después de Reikiavik. Está localizada en uno de los fiordos del norte y tiene uno de los principales puertos pesqueros del país. Nosotros decidimos pasear por el centro de esta localidad y visitar el jardín botánico más al norte del mundo (Lystigardur Akureyrar), un parque precioso inaugurado en 1912 y con una gran variedad de plantas y flores endémicas de Islandia y otras que crecen en las regiones árticas.
Ese día nos alojamos en una cabaña de madera alejada del mundo con vistas al fiordo (Vacation Home Fagravik). Una fantástica costumbre islandesa es la de bañarse al aire libre, en “hot pots”, o bañeras al aire libre que hay en la mayoría de las casas, porque el agua caliente lo obtienen de géiseres y fuentes termales, sin ningún coste. Esta casa tenía su propio hot pot, así que nos relajamos en el agua caliente mientras fuera la temperatura no superaba los 5 grados.
Día 8 – Avistamiento de focas y la famosa roca elefante
En el norte tuvimos mala suerte con el tiempo, durante varios días estuvo lloviendo y, con las nubes tan bajas, que sólo podíamos ver la mitad de las enormes montañas e intuir hasta dónde llegarían.
En esta jornada nos dirigíamos a la población de Blönduósbær, donde sentamos nuestra base. Desde allí, decidimos continuar en coche por la autovía 1 hasta el cruce con la carretera 716, que desemboca en la 711 y recorre la costa hasta el Hostal Ósar.
El camino se hizo un poco largo dado el estado de la carretera y el tiempo frío y lluvioso tampoco acompañaba mucho pero, al llegar, caminamos por el sendero que va hasta la playa y, desde allí, pudimos contemplar como descansaba en la costa de enfrente una gran familia de focas.
Además, en ese lugar se sitúa Hvítserkur, una extraña roca en el mar con forma de elefante, dragón o animal bebiendo agua, que ha sido ampliamente fotografiada. Esta roca se puede ver desde el mirador que se sitúa muy cerca continuando por la carretera, o bajar por un empinado camino hasta la playa. Si hay marea baja, se puede llegar también hasta la base de esta formación rocosa.
Día 9 – Pueblos vikingos, montañas y más cascadas
Nos dirigíamos a la península más al oeste del país y el tiempo seguía sin cambiar: más niebla, más agua, más frío… Decidimos, a la altura de Staður, acortar por la carretera 586 y así fue como nos encontramos con el pueblo vikingo de Eiriksstadir, un museo al aire libre que muestra cómo vivían sus habitantes, que llegaron a Islandia desde Noruega y se asentaron en la isla hacia el año 876. Además, en este lugar creen que estaba ubicada la casa de Erik el rojo, un sanguinario vikingo que acabó expulsado de todos los lugares donde vivía y que descubrió Groenlandia. Su hijo Leif, que nació en esa casa, fue el primer europeo que llegó hasta el continente americano, 500 años antes que Cristóbal Colón.
Tras varias cascadas que nos fuimos encontrando por la carretera 54, que recorre por la costa esta península, llegamos a la famosa colina de Kirkjufell. Una de las cascadas nos pareció especialmente curiosa, la denominada en el mapa como Sheep’s Waterfall. Para llegar hasta ella hay que desviarse ligeramente por la carretera 56 y caminar un poco desde el parking hasta encontrarla, ya que está un poco escondida. Lo curioso es que, justo cuando la encontramos, había varias ovejas refugiadas detrás de la columna de agua, haciendo honor a su nombre.
Kirkjufell es una montaña de origen volcánico con una singular forma cónica y, junto con su vecina cascada de Kirkjufellfoss, forma una de las imágenes más fotografiadas y famosas de Islandia. La lástima para nosotros fue que la niebla se enredó en la montaña y no pudimos verla completa.
Acabamos el día visitando la cascada de Bjarnarfoss, muy cercana al pueblo de Snæfellsbær, en el que nos alojamos esa noche en el North Star Apartments Rif, bastante nuevo y funcional.
Día 10 – Las mágicas tierras del oeste
Esa mañana comenzamos visitando la playa de Skarðsvík, con sus bonitas formaciones rocosas y su bravo oleaje, pasando después por los volcanes Vatnsborg y Grashólshellir, por los que se puede pasear, y que están situados a tan solo 1 Km y medio de la playa.
Para continuar recorriendo esta península se debe volver a la carretera 574 y seguir hacia el sur. Nuestra siguiente parada fue la playa de Djúpalónssandur, que tiene un agradable sendero sobre las rocas y, en la arena, hay restos del barco pesquero Epine, que naufragó en 1948.
Llegamos al mirador de Londrangar, desde el que hay una vista preciosa de los acantilados, y continuamos hasta Arnastapi, donde se sitúa el mirador del famoso Gatklettur, un arco de lava sobre el mar. Además, a la entrada de este pueblo se encuentra un cartel sobre el “Viaje al centro de la tierra”, de Julio Verne, ya que desde la montaña Snæfellsjökull, que tenemos justo enfrente, es donde los protagonistas de la novela inician el descenso al interior del planeta, situado a 6.371 Km de profundidad.
Después de comer continuamos por la misma carretera y, antes de finalizar el recorrido por este parque natural del oeste, paramos en Rauðfeldsgjá, una grieta en la roca a la que se puede acceder andando y, en su pequeña cavidad, contemplar el interior de la montaña, con trozos de hielo incluidos.
Por último, hicimos dos paradas más: una alta cascada que vimos a la izquierda desde la carretera, a la que se llega subiendo un empinado sendero, un poco duro, pero merece la pena, ya que desde allí se puede contemplar a lo lejos toda la costa. Y otra en Ölkelduvatn, una fuente natural de agua con gas, de la que se puede beber libremente e incluso rellenar alguna botella para el camino.
Tras una hora más de ruta llegamos a nuestro alojamiento, una original cabaña llamada Pod, situada en el Fossatun Camping Pods & Cottages. Es un lugar muy acogedor pero no dispone de cocina, por lo que esa noche cenamos en el restaurante del camping, después de nuestro merecido descanso en las bañeras termales.
Día 11 – De vuelta al Círculo Dorado
Para acabar el viaje habíamos programado tres días libres para descansar en la localidad de Hveragerði, en el círculo de oro, desde donde realizaríamos nuevas excursiones pero sin tener que cambiar de alojamiento.
La primera visita de este día fue al valle de las cascadas Hraunfossar y Barnafoss, un lugar muy bonito ya que, aunque la caída no es la más alta ni la más caudalosa, el agua surge de un campo de lava y cae en el río con un color turquesa precioso. Barnafoss está más escondida, rodeada de peligrosos rápidos en el río, y se puede llegar andando desde la primera por un corto sendero.
Tomamos de nuevo la carretera 1 y atravesamos el túnel Hvalfjordur, que antiguamente era de pago, pero pasó a ser gratuito en septiembre de 2018. Aprovecho para indicar que todas las carreteras por las que pasamos en Islandia son gratuitas, y solo tuvimos que pagar en algún aparcamiento habilitado para las visitas que realizamos en el viaje.
Hicimos otra parada en Deildartunguhver, un manantial de aguas termales que emerge a 97 grados, en el que se puede ver como burbujea el agua.
El alojamiento fue de los mejores del viaje, un amplio y bonito apartamento con jardín, situado en un pueblo tranquilo: Heilsustofnun Spa Apartments. Lo de Spa confunde un poco porque, en realidad, los apartamentos están situados es un complejo clínico especializado en problemas musculares y tiene unas instalaciones tipo spa (piscinas al aire libre y cubiertas, sauna, baños de vapor…) que pueden utilizar los huéspedes libremente.
Por la tarde, decidimos pasear por el pueblo en bicicleta, que presta el alojamiento. Ese día celebré mi cumpleaños con una riquísima cena en el Skyrgerðin Café & Bistro, comida casera en un ambiente cuidado y moderno.
Día 12 – Cascadas de Hàifoss y Granni para sentirte en la Tierra Media
Nuestro día comenzó en la cascada de Urriðafoss, de tan solo 6 metros de caída pero muy caudalosa, es un lugar muy tranquilo en el que no hay prácticamente visitantes. A continuación, nos dirigimos hasta otra cascada, Hjalparfoss, que está situada en un entorno muy bonito con columnas de basalto creadas por el enfriamiento de la lava volcánica.
Desde allí, continuamos por la carretera 32 para poder ver mejor el volcán Hekla y, al realizar el camino de vuelta por esa misma carretera, nos llamó la atención un desvío a la carretera 332 que anunciaba otra cascada, donde también hay un cartel de la zona de acampada Holaskógur.
Como ya os adelantaba en el post de Recomendaciones, en Islandia hay carreteras por las que está prohibido circular si no es con un vehículo 4×4. Nosotros siempre respetamos esta norma, excepto en esta ocasión, en la que nos desviamos por aquel camino que nos pareció interesante, imaginando que el trayecto sería corto. A los tres kilómetros la carretera empezó a empeorar bastante, pero teníamos mucha curiosidad por saber dónde llegaría y, aunque dudamos en darnos la vuelta e, incluso, nos planteamos seguir a pie, continuamos. Tras cuatro largos kilómetros más con el cuerpo en tensión llegamos al lugar más impresionante que habíamos visto nunca: el mirador de las cascadas Hàifoss y Granni. Fue como aparecer de repente en “la tierra media”.
Supongo que es fácil encontrar lugares preciosos al perderte por las carreteras de Islandia, pero este lugar nos dejó realmente impresionados. La carretera no está asfaltada pero, como no había llovido, el único peligro eran las rocas, que había unas cuantas. Me alegro de que nuestro instinto nos hiciera continuar porque, sin duda, nos llevamos una maravillosa sorpresa. La bajada la hicimos muy despacito y sin ningún problema (menos mal).
Día 13 – Senderismo por Reykjaladur y su río de aguas termales
Este día fuimos a descubrir Reykjaladur, un sendero geotermal situado a tan solo 3 Km de Hveragerði. El camino de ida es de 4 Km con algo de desnivel al principio, que luego se suaviza.
Tras la caminata entre colinas llegamos a un valle humeante, con un río de agua caliente donde está permitido el baño. Por supuesto, no íbamos a dejar pasar la oportunidad de darnos un baño calentito mientras, fuera del agua, hacía unos 8 grados y pasaba gente abrigada hasta las cejas.
Por la tarde nos acercamos a la zona de la costa, tomando la carretera 38 hasta el pueblo de Þorlákshöfn, en el que visitamos también su faro. Después, continuamos por la 34 para ver la desembocadura del río Ölfusá y, tras visitar otros dos pequeños pueblos de pescadores, regresamos por Selfoss a nuestro alojamiento.
Día 14 – Blue lagoon y vuelta a Reikiavik
La laguna azul es uno de los lugares más turísticos de Islandia, su color azul pálido y el contraste con las rocas volcánicas lo convierte en un lugar único, sin duda. Allí se sitúa un balneario para el que se debe reservar entrada previamente, sobre todo si se visita en temporada alta (a veces, la reserva requiere semanas de antelación). El precio de la entrada es de 45€, aunque hay varias modalidades según los servicios contratados.
Este lugar no es natural, ya que se construyó específicamente para los tratamientos, utilizando un agua rica en silicio que es beneficiosa para la piel. El sitio es bonito pero la piscina se queda muy pequeña, dada la cantidad de gente que entra, por lo que la experiencia, en algún caso, es más que cuestionable.
De vuelta a Reikiavik pasamos por Krýsuvík, otra área geotermal con grietas sulfurosas que se recorre a través de unas plataformas de madera. Como hacía buen día, decidimos comer en la costa, en el paseo marítimo de Göngustígur.
Cuando llegamos a Reikiavik el termómetro marcaba 17 grados así que dejamos rápidamente las cosas en nuestro alojamiento, esta vez a las afueras en la zona residencial de Múlar, y nos fuimos a visitar el jardín botánico de la ciudad. Es un lugar muy bonito por el que pasear y nos encantó ver como los niños, con el sol y la temperatura que hacía, se bañaban en las fuentes, pese a que nosotros no necesitábamos quitarnos la chaqueta.
Día 15 – Museo Perlan y vuelta a casa
El avión salía de madrugada, por lo que aprovechamos el día para visitar el Museo Perlan, un lugar que tiene mucha información interesante de la isla y en el que puedes comprender más acerca de la historia, las costumbres y las maravillas naturales que nos encontramos por todo el camino. Tienen una simulación del interior de un glaciar volcánico y puedes realizar una visita guiada a varios grados bajo cero por su cueva de hielo. Además, desde su terraza exterior, hay unas bonitas vistas de la ciudad en 360 grados.
Después, volvimos al centro de Reikiavik para comer y dar un último paseo por la ciudad. De camino al aeropuerto, decidimos continuar un poco la carretera y conocer el puente Miðlína, que une las placas tectónicas euroasiática y norteamericana, las cuales continúan separándose año a año. Al atravesar el puente podemos decir, literalmente, que estamos caminando entre dos continentes y, además, bajar a la falla que los separa.
En Reykjanesbær, el pueblo más cercano al aeropuerto, decidimos despedirnos de Islandia cenando en el restaurante Veitingastaðurinn Ráin, un lugar muy tradicional con vistas al mar. A las 2 de la mañana salió el vuelo y aprovechamos para dormir las 5 horas escasas que nos separaban de casa, acordándonos de todos los magníficos lugares que habíamos conocido y colocando a Islandia en el ranking de uno de los países más impresionantes en los que hemos estado.
