Ruta de 7 días por la costa de Galicia
Rías Altas, Costa da Morte y Rías Baixas
Galicia es tierra de acantilados, bosques y meigas. Un lugar en el que las leyendas se funden con la realidad creando rincones misteriosos y especiales. Sus paisajes, su gente y su gastronomía convierten a esta Comunidad en una de las más completas para pasar unas vacaciones inolvidables.
A continuación, encontrarás una ruta, por carretera, de una semana por la costa de Galicia que se inicia en las Rías Altas y llega hasta las Rías Baixas, visitando la espectacular Costa da Morte. En este viaje podrás disfrutar de paisajes extraordinarios, playas inmensas y solitarias, pueblos de leyenda, bosques milenarios, antiquísimos castros celtas, faros recónditos y hasta el banco más bonito del mundo.
Día 1 – Llegada a las Rías Altas
Nuestro viaje comenzó con una larga jornada por carretera hasta llegar a la magnífica Ría de Ortigueira, donde pasaríamos los siguientes días visitando los puntos más importantes de esta espectacular zona.
Después de acomodarnos en nuestro alojamiento para las siguientes 3 noches, pasamos la tarde conociendo el encantador pueblito marinero del Porto de Espasante. En este lugar, además de pasear y darse un chapuzón en las playas de A Concha y San Antonio, se debe visitar el Castro de Punta de Prados y la Garita da Vela.
Subiendo unas escaleras por la acogedora playa de Santa Cristina, situada en la espalda del puerto, se llega al Castro de Punta de Prados, un pequeño poblado fortificado ocupado en el siglo I a.C. y en el I-II d.C., que fue construido a 20 metros sobre el mar para aprovechar el acantilado para su propia defensa.
La Garita da Vela está situada en una pequeña península elevada a la que se accede, desde el pueblo, por la carretera del puerto, que parte a la derecha de la Capilla de San Antonio. En el punto más alto, se encuentra esta construcción, que servía de vigilancia de piratas y corsarios y señalaba la ubicación a los navegantes de principios del siglo XVIII.
No te sorprendas si por las calles del pueblo te encuentras con un cerdo campando a sus anchas e incluso bañándose en el mar: se trata de Antón, al que cada año alimentan y cuidan todos los vecinos, siguiendo una tradición que comenzó en el siglo XVIII para recaudar fondos, rifando un cerdo al que habían criado entre todos para construir la capilla de San Antonio.
Día 2 – Ruta por los Miradores del Cabo Ortigal, San Andrés de Teixido y playas de Cariño.
Continuando nuestra visita por las Rías Altas, en esta jornada, decidimos realizar la ruta de los miradores del Cabo Ortigal, comenzando por el Mirador Chao do Monte, desde el que se obtiene una vista impresionante de los acantilados cercanos.
A continuación, hicimos una parada en el mágico pueblo de San Andrés de Teixido al que, según cuenta la leyenda, deberás visitar en vida porque si no, lo harás una vez muerto. Esto se debería a la envidia que manifestó San Andrés a Dios por la cantidad de peregrinaciones que recibía Santiago de Compostela, a lo que Dios le prometió que a su santuario, a partir de entonces, acudirían todos los mortales ya que, quien no lo hiciera en vida, regresaría muerto reencarnado en animal.
Leyendas aparte, la iglesia y el pueblo forman un conjunto muy especial localizado en un enclave privilegiado, en el que se puede disfrutar del encanto de las Rías Altas. No te olvides de comprar las famosas figuritas de pan, visitar la fuente del Santo en la que, según dicen, deberás pedir un deseo bebiendo de los tres caños sin apoyar las manos en la pared y bajar hasta la orilla en busca de la hierba namoradeira (o hierba de enamorar), si quieres conquistar a alguien de forma algo “cobarde” (dejando una hoja en su bolsillo sin que se dé cuenta). Si no la encuentras, no sufras, te la regalarán en el puesto en el que compres algún souvenir.
Entre bosques, caballos y preciosos acantilados llegamos al mirador del Cantís de Vixía de Herbeira, desde el que se tiene una vista panorámica sobre el mar y el mirador Da Miranda, que permite observar el otro lado del cabo y la ría de Ortigueira en su máximo esplendor.
Aproximándonos a la población de Cariño, visitamos otros tantos miradores: el de Cantís do Cadro, el mirador da Fornela, el de Lodeiro y el do Limo, continuando la carretera hasta el Monte Faroleiro y llegando, por el mirador da Malveira, al Faro del Cabo Ortegal.
Comimos en el Chiringuito San Xiao (muy recomendable), dimos un paseo por el bonito pueblo de Cariño y pasamos la tarde en la Playa de Fornos visitando, además, las pequeñas playas de Figueiras y Dos Cabalos, donde se encuentra el mirador de la Punta de Figueiroa.
Nuestra jornada finalizó en la Playa de Morouzos, que tiene una ruta por unas pasarelas de madera entre la arena y el bosque, por las que se llega a un escondido observatorio de aves.
Día 3 – Viveiro, Punta Socastro, Estaca de Bares y acantilados de Loiba
El día se levantó lluvioso y decidimos empezar visitando la localidad de Viveiro, una ciudad tranquila de aires marineros situada en la desembocadura del río Landro. Es interesante pasear por su casco histórico para descubrir su patrimonio en el que destacan, entre otros, la Puerta de Carlos V, la iglesia de Santa María de Viveiro y el convento de las Concepcionistas.
A continuación, realizamos una corta y bonita ruta costera que llega al Faro de Punta Socastro, conocido también como “O Fuciño do Porco” (hocico de cerdo). Para llegar, se puede dejar el coche cerca de la playa de Abrela y tomar la senda azul, de unos 20 minutos, hasta llegar a la entrada a las pasarelas. Para acceder a las mismas es necesario reservar previamente en la siguiente página.
Después de comer, nos dirigimos a la playa de Bares y al conocido Cabo de Estaca de Bares, el punto más septentrional de España, desde el que se observan unas vistas espectaculares de esta lengua de tierra que separa, en una línea invisible, el Mar Cantábrico del Océano Atlántico.
Culminamos nuestra jornada disfrutando de uno de los miradores más bonitos de la zona, y también uno los más concurridos, el de Coitelo, desde el que se observan los acantilados de Loiba. Es, sin duda, un lugar precioso para ver la puesta de sol y disfrutar de la caída de la tarde, pudiéndote sentar (después de esperar la cola de rigor: no iba a ser todo tan idílico) en el banco decretado como “el más bonito del mundo” o, al menos, uno de los muchos bancos que podemos encontrar con ese sobrenombre. Este, por supuesto, merece la fama, porque desde él se pueden contemplar unas vistas verdaderamente preciosas.
Día 4 – Visita a Pontedeume y su Parque Natural de Fragas do Eume
Nos despedimos de las Rías Altas con la sensación de que nos quedaban aún gran cantidad de lugares preciosos por conocer, por lo que nos prometimos volver a pasar mucho más tiempo en esta zona en otra ocasión.
El cuarto día cambiamos a un nuevo alojamiento situado en la Costa da Morte y, de camino, pasamos el día en la Costa Ártabra. La primera visita fue a la impresionante Playa de Santa Comba, un arenal virgen alejado de la «civilización» de más de 1 Km de longitud. A un lado de la misma, se encuentra la capilla de Santa Comba y, a continuación, la pequeña cala de As Fontes, rodeada de acantilados, que solo es accesible con marea baja.
Continuamos la mañana visitando el bonito pueblo de Pontedeume, una villa medieval con mucha historia y un casco antiguo con callejuelas estrechas en el que se deben visitar monumentos como el puente de piedra, la plaza del conde, el torreón de los Andrade, la iglesia parroquial de Santiago, el convento de San Agustín y la muralla de la villa, entre otros.
Para culminar el día nos dirigimos al Parque Natural de las Fragas do Eume, situado solo a 15 minutos de la localidad. Es una reliquia natural que alberga especies vegetales y animales en peligro de extinción, siendo uno de los escasos bosques de este tipo que aún se conservan en el continente.
Formado por un húmedo y verde bosque espeso repleto de castaños, melojos, carballos, helechos, y atravesado por el río Eume, en su interior se mantiene una temperatura agradable durante todo el año. Una de las rutas de senderismo más famosas de este parque es la que llega al Monasterio de Caaveiro y pasa por los puentes colgantes. Este camino, en época estival, se puede realizar en un bus, para el que se necesita reservar ticket previamente en el Centro de interpretación.
Una buena opción es realizar el trayecto de ida en bus, hasta el puente de Santa Cristina, que dista solo 800 metros del Monasterio y, luego, realizar toda la bajada andando. Pero si no es posible, o prefieres no coger el autobús, te recomiendo realizar la ruta de ida a pie por la orilla del río Eume, cruzando el puente de Cal Grande. Es una senda un poco más compleja en ciertos tramos, pero, sin duda, mucho más natural y bonita, que permite disfrutar a cada palmo de este espectacular bosque, pudiendo volver después por el otro margen, que va por la carretera.
Día 5 – Ruta de un día por la Costa da Morte
Empezamos el día con unas impresionantes vistas al mar sobre la playa de Langosteira desde nuestro alojamiento de Finisterre (Hotel Mar de Fisterra) y decidimos dedicar el día entero a recorrer la Costa da Morte.
Comenzamos temprano, visitando Malpica y sus cercanas playas de Area Maior, de Seaia y el mirador de San Adrián, al lado de la ermita que lleva su mismo nombre, desde el que se tienen unas vistas preciosas de toda la bahía.
Continuamos hasta el Faro de Punta Naringa y, de camino al Faro Roncudo, paramos para ver la iglesia y las Torres de Mens, una fortaleza del S. XV levantada sobre un antiguo castro. Dejando atrás el «viento huracanado» del faro, nos dirigimos hasta la playa de los cristales, una pequeña cala situada cerca del pueblo de Lage. El nombre viene porque contiene pequeños trozos pulidos de cristales de muchos colores que el mar arrastró de un antiguo vertedero de la localidad, donde se depositaban botellas y otros envases de vidrio.
A unos pocos metros de esta playa se puede visitar, por un agradable sendero al borde del mar, la cala de la espuma, conocida por su fuerte oleaje y la roca de los enamorados, un lugar donde las parejas dejan sus inscripciones desde el siglo XX, entre las que se puede encontrar la del ilustre geólogo e investigador Isidro Parga Pondal.
Ya comenzando la tarde llegamos al Cementerio de los Ingleses, dedicado a los fallecidos en uno de los naufragios más famosos de la Costa da Morte ocurrido en 1890. El Buque Serpent, que se dirigía desde Playmouth a Sierra Leona, quedó atrapado entre las rocas por un fuerte temporal, perdiendo las 175 vidas que iban a bordo, cuyos cuerpos fueron llegando durante los siguientes días a la Playa de Trece y fueron recogidos por los vecinos, procediendo a su sepultura en este lugar.
Visitamos después el Faro de Cabo Vilan, el Santuario da Virxe da Barca y el Mirador Jesús Quintanal, en Muxía, desde donde se contemplan unas vistas preciosas de todo el entorno. Nuestro día concluyó viendo el atardecer desde el Faro del Cabo Finisterre o el del fin del mundo (al menos, para los romanos) donde se concentran gran cantidad de visitantes, ya que es uno de los mejores lugares de esta costa, sin duda, para contemplar la puesta de sol.
Día 6 – Ruta de un día por las Rías Baixas
Para completar este espectacular viaje por la costa de Galicia, de nuevo desde Finisterre, nos dirigimos hasta la cascada de Ézaro, una de las desembocaduras más sorprendentes que he visto, en la que el río Xallas vierte sus aguas al mar en una caída de agua de 30 metros de altura.
Después de un agradable paseo por la infinita playa de Carnota nos dirigimos, por la Ría de Muros y Noia, hasta Corrubedo, donde comimos de maravilla en el Restaurante Benboa, un lugar moderno y acogedor con su propia pescadería que sirve platos deliciosos a buen precio.
Visitamos después las Dunas de Corrubedo, también conocidas como el desierto de Galicia, donde se pueden realizar diversas rutas a pie para conocer el entorno (siempre por las pasarelas de madera para no dañar este importante ecosistema) como la que llega a la gran duna móvil de arena blanca que, con su kilómetro de longitud y sus 20 metros de altura, es uno de los atractivos más importantes de este parque natural.
La tarde culminó con la visita al Castro de Baroña, situado en la comarca de Noia. Este poblado celta es uno de los pocos que se conservan basados en el aprovechamiento marítimo, lo que le convierte en uno de los más visitados de Galicia. Localizado en la pequeña península de Punta do Castro, el complejo cuenta con los restos visibles de unas 20 casas y una muralla que defendía a los habitantes de posibles ataques. Según las investigaciones realizadas, se cree que este castro estuvo activo desde el I a.C. hasta el I d.C.
Día 7 – Fin del viaje: visita exprés a la Ribeira Sacra
Sintiéndolo mucho, nuestro viaje llegaba a su fin y teníamos que despedirnos de la costa gallega, teniendo la certeza de que la morriña nos obligaría a volver pronto a esta maravillosa tierra.
Para acabar por todo lo alto y si el tiempo lo permite, te recomiendo aprovechar el último día visitado la Ribeira Sacra (a nosotros, nos pillaba de paso en nuestro camino de vuelta a casa). En este post te cuento detalladamente qué ver en un día en este maravilloso lugar.
